EN PERSONA

 

Soledad Becerril (Madrid, 1944) es una política con una extensa trayectoria que en 1981 se convirtió en la Primera Ministra de Cultura desde la 2ª República. De hecho, su compromiso social en los últimos cuarenta años es patente, tal y como demuestra que entre 2012 y 2017 ejerciera como Defensora del Pueblo.

Soledad Becerril nos ha hablado en esta interesante entrevista de esta labor, así como de las vivencias que protagonizó durante los intensos años de Transición democrática.

Conciencia de la necesidad de cambio y vocación política

Empieza siendo muy joven, porque comprendo que España no puede ser un país distinto a las democracias del entorno, ya que observo además que es necesaria una reforma, y más que una reforma, un cambio. El régimen se agotaba y teníamos que ir hacia una democracia, que era el futuro, y había que echar una mano y había que incorporarse a esos movimientos que había en su favor. Yo estaba en la Unión de Centro Democrático que presidía Adolfo Suárez y lo recuerdo porque era candidata al Congreso por Sevilla. Fueron unas elecciones alegres, divertidas, alborotadas y ruidosas.

Los candidatos estábamos muy desconcertados, también las mujeres. Nos equivocamos de lugar en el que estábamos y decíamos: “Estoy en Alcalá” y resulta que estabas en San Juan de Aznalfarache… O por ejemplo también presentabas un candidato y te equivocabas de nombre, pero todo ello con alegría y con ilusión. Con ilusión pensando que íbamos a cambiar las cosas, porque hablábamos de la libertad o hablábamos del centro democrático. Lo recuerdo como momentos de alegría y de ilusión.

Fue una legislatura transcendental en la historia de España, porque en ella se hizo la Constitución Española. Una Constitución que, como dijo el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, tenía que ser la Constitución de todos los españoles y eso requirió y necesitó de acuerdos entre las fuerzas políticas. Estas fueron generosas, pero no solo las fuerzas políticas, sino los españoles que apoyaron la Transición y que apoyaron la Constitución, porque esta tuvo más de un noventa por ciento de ratificación de votos y yo creo que los ciudadanos apoyaron, impulsaron y animaron ese tránsito que hicimos en la historia de España.

Las mujeres de la constituyente

Fue mucho más que aprobar la Constitución. La Constitución y lo que se derivó, los cambios en la legislación, en el código civil, en el código penal, la amnistía, la ley para concurrir a las elecciones municipales, los tratados internacionales para suscribir Derechos Humanos… Eso fue lo que hicimos y yo creo que ese fue el gran cambio de España en aquellos momentos.  Fuimos 21 mujeres en esa Legislatura Constituyente, en un hemiciclo donde había 350 escaños, un 6% de mujeres. La situación ha cambiado enormemente y ya son prácticamente el 50% de mujeres las que hay hoy.

El hecho de ser 21 entre 350 demostraba que era muy difícil para una mujer el llegar al Congreso de los Diputados

Pero no tuvimos discriminación, no lo sentimos y yo esto lo cuento en un libro que he escrito y que se llama “Años de soledad”. Lo acabo de terminar y digo en él que no recuerdo discriminación. Cada una de nosotras se adscribió a la comisión a la que quiso, como Economía, Defensa, Cultura… Lo que pasa es que el hecho de ser 21 entre 350 demostraba que era muy difícil para una mujer el llegar al Congreso de los Diputados. Los medios de comunicación y en general la gente, se fijaban en la indumentaria, en la ropa, en los trajes… A mí cuando llegué al Ministerio me nombró ministra Leopoldo Calvo Sotelo, pues era observada en todo lo que llevaba, lo que me ponía y para mí eso era un agobio. Aunque yo no le daba mucha importancia, no me ocupaba de aquello y fue incómodo. Creo que hay que prestar menos atención en la vida pública a esas cuestiones y más al fondo de las cosas.

El intento de golpe de Estado

Creo que había una parte una parte reducida del Ejército que se resistía todavía a los cambios que se estaban produciendo en la legislación y sobre todo en el papel de las Fuerzas Armadas. Había movimientos de esos sectores de las Fuerzas Armadas y el Gobierno creo que tenía noticias bien firmes y seguras de esos movimientos en contra. Mientras se estaba procediendo a la elección de presidente del Gobierno – que luego resultó ser Leopoldo Calvo Sotelo – a las seis de la tarde del mes de febrero, irrumpió con violencia, ruido y armas el teniente coronel Tejero en hemiciclo para sorpresa de todos y desde luego mía. Un diputado que estaba a mi lado, José Bono, y yo tenemos una cara de asombro en las fotos de… ¿qué es esto? ¿qué está pasando?

 

En un momento determinado había bastante desorden, entradas y salidas de guardias, movimientos, protestas de diputados, gritos… Yo aproveché para escabullirme y subir a un despacho que, como secretaria de la mesa del Congreso, tenía en la primera planta. Pensaba en llamar por teléfono desde ahí para decir lo que estaba pasando. Y para mi sorpresa abrí la puerta y me encontré que en un sofá pequeñito que había allí estaba durmiendo un guardia con una metralleta en el suelo. Cerré la puerta inmediatamente y bajé corriendo escaleras abajo y les dije a los de alrededor: “¡Mirad lo que estoy viendo! ¡Esto es un lio y aquí hay un desorden! ¡Esto es un caos! ¡Es un caos!”.

Es verdad que poco a poco se fue deshaciendo. Pudo ser gravísimo para la democracia, también para los que estábamos allí porque corrimos algún riesgo, pero definitivamente para la democracia. Yo creo que la intervención del Rey Don Juan Carlos, apelando a la Constitución, a la legalidad, al Estado de Derecho, al mantenimiento y al orden constitucional, fue fundamental a lo largo de la noche para abortar aquel movimiento.

Los mayores retos como Defensora del Pueblo

La institución hace un gran servicio y de manera bastante silenciosa, pero muy eficaz y lo hace con mucha satisfacción y de forma gratuita.

La institución del Defensor hace un gran servicio, que lo presta de una manera callada, sin grandes polémicas, sin peleas de ningún tipo y de manera bastante silenciosa, pero muy eficaz y lo hace con mucha satisfacción y de forma gratuita. A mí como defensora me llegaban miles de quejas al mes, de personas que protestaban por un impuesto que no les correspondía, por una prestación que no recibían, por una atención sanitaria que se retrasaba demasiado…

Yo recuerdo varios asuntos importantes, como personas que se habían visto atrapadas por hipotecas a las que no podían hacer frente por la crisis profunda económica que hemos vivido o personas que tenían una situación de endeudamiento del que no iban a poder salir nunca, a pesar de la buena voluntad y eso lo abordamos. Conseguimos leyes para que la judicatura tuviera instrumentos para evaluar si había que ayudar a esas personas, no penalizar a esos ciudadanos que tenían una situación muy dramática. Se modificó la ley hipotecaria para atender a desahucios, se modificó la ley que se llama para sobreendeudamientos con el objetivo de conseguir que esas personas puedan llegar a un acuerdo con los bancos y con los acreedores para con el tiempo irse quitando esa gran deuda y volver a emprender una vida completamente normal.

También, nos ocupamos mucho de los emigrantes, de las personas que llegan a España huyendo de la guerra, por hambre por miseria. De las condiciones de la llegada de la atención, del derecho de asilo de acoger a esas personas. Y otra cuestión importante, las víctimas del terrorismo, de las que hay que ver en qué situación estaban desde el punto de vista de los derechos y cómo ahora los libros de texto españoles no explican de manera clara a los alumnos lo que han supuesto los 60 años de terrorismo en España. Al terrorismo de ETA, me refiero.

Es un triunfo que nos ha costado mucho, porque ha supuesto muchas vidas. Ha costado 965 víctimas y sus familias absolutamente destrozadas para siempre. Ese es un dolor que no se cura. Es un dolor que las familias llevan consigo para siempre. La sociedad ha aguantado, ha resistido; y las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil han hecho un trabajo excelente, los jueces también, pero las familias de las víctimas han sufrido mucho por la banda terrorista ETA. Ha habido otro tipo de atentados también y todos han sido verdaderamente dramáticos.

Cuatro décadas de cambios

¿Cómo veo a España? Muy cambiada, de lo cual me alegro. Con avances en el campo económico muy importantes, en el campo laboral también importantes, como la posibilidad de reclamar derechos cuando una cree que se han vulnerado estos; y con amplias libertades. Ha cambiado mucho la sociedad española, es decir, la sociedad y las instituciones españolas. Se desmontó el régimen anterior en poco muy tiempo, en pocos años, en muy pocos años y se constituyeron nuevas instituciones, organismos democráticos que ahora rinden cuentas, que tienen que comparecer ante quienes representan la soberanía popular.

El cambio ha sido total y absoluto y yo lo que espero es que las generaciones más jóvenes, después de aquellas que estuvimos en los finales de los 70 y en los 80 en el Congreso de los Diputados y en el Senado, sepan mantener el sistema político que es la democracia

Es decir, el cambio ha sido total y absoluto y yo lo que espero es que las generaciones más jóvenes, después de aquellas que estuvimos en los finales de los 70 y en los 80 en el Congreso de los Diputados y en el Senado, sepan mantener el sistema político que es la democracia, con todos sus derechos que se reconocen en ella en el Título derechos y libertades. Ahí están recogidos y están desarrollados en leyes que pueden cambiarse. Si se reconocen distintos derechos porque la sociedad ha cambiado, porque la ciencia ha cambiado, porque la medicina ha cambiado, porque la informática ha cambiado, se ha introducido o se ha extendido, eso se puede hacer modificando la legislación o con una nueva. Pero, las claves que rigen los grandes principios están ahí en la Constitución. Y por supuesto, la monarquía parlamentaria, que fue un enorme acierto en la Constitución, porque esta es una institución de la magistratura que da estabilidad y que supone la unidad de los españoles, lo cual son cosas que nos han faltado a lo largo del siglo XIX y de una gran parte del siglo.

Desde el punto de vista sociológico, el cambio más importante fue primero la transición y la democracia, pero después el cambio ya concreto es la variación en la situación y en la condición de la mujer. Eso ha sido modificado absolutamente, porque hemos logrado la igualdad de derechos y la igualdad en cuanto al acceso a profesiones, a actividades y a reconocimiento…

Yo creo que eso ha sido un gran cambio en la sociedad española.  Han surgido otras cuestiones que no estaban sobre la mesa en aquellos momentos que eran cambios necesarios en la legislación. Y ahora hay otras cuestiones, hay dificultad para tener una vida de familia, para ocuparte de los hijos y para a realizar una profesión.  Ahora vemos que hay unos horarios para muchas mujeres y también para hombres, pero para nosotras algunos son incompatibles con otras actividades.

Vemos también que hay una violencia hacia la mujer terrible. Una violencia que además utiliza a los menores y a los hijos para machacar a esa mujer, para asustarla, para amedrentarla, para amenazarla. Estamos viendo otros problemas a los que no tenemos más remedio que hacer frente, defendiendo a la mujer.

 

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C40

Cuaderno de bitácora de las Cortes Generales para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución española, aprobada el 6 de diciembre de 1978.

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