EN PERSONA

Miguel Barrero, licenciado en Ciencias de la Educación y máster en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, fue elegido por unanimidad presidente de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) este pasado enero. Esta federación, creada en 1978, posee el objetivo de defender los intereses generales del sector editorial. Además, Barrero ostenta el cargo de director general de I+D+i del Grupo Santillana.

Presidente de la Asociación de Editores de Madrid hasta 2019, Miguel Barrero estructura su nuevo desempeño en la FGEE en torno a ejes como la lucha contra la piratería; el fomento de la lectura y la comunicación de la función del editor; la mejora de la internacionalización de dicho sector para crecer en otros mercados; y un mapa de distribución que garantice el acceso a la lectura gracias a un ‘tejido de librerías’.

La edición libre es un pilar básico para hacer mejores ciudadanos, y ciudadanos con mayor criterio para ejercer de una manera responsable la democracia. Yo creo que un ciudadano cuanto más informado esté, cuantos más puntos de vista sea capaz de conocer, cuanto más sentido crítico tenga, será un mejor ciudadano y hará un mejor ejercicio de la democracia.

Uno se puede llevar sorpresas porque puede pensar que eran unos años de una cierta autarquía editorial, que era un sector que poco fomentaba su relación con la libertad de creación y de expresión. Sin embargo, a mediados de los años 60 se produce en España una dinamización tremenda en el sector editorial. Son varios los motivos que inciden; uno de ellos es que se está creando una sociedad muy urbana, una sociedad de masas y una sociedad de consumo. La segunda razón es que se empieza a notar el efecto de una mayor alfabetización y escolarización de la población. Y, por otro lado, hay una mejora de las industrias gráficas y, por lo tanto, hay como un virus de iniciativa editorial.

Queda compuesto un sector editorial que prácticamente, excepto nuevos agentes y alguna concentración que luego se producirá en los 70, es ya un ecosistema bastante diverso, que viendo lo que edita puedes deducir qué es lo que leía la gente antes de la Transición.

Básicamente lo que se leía era literatura. Se consumían también bastantes libros de referencia, consulta, editoriales como Sopena, los diccionarios, las enciclopedias de Salvat y todo aquello. Hay mucha literatura que circula por el quiosco, que es una literatura más popular. Yo creo que lo que se lee básicamente es literatura, tanto literatura más cultural o intelectual, como literatura de quiosco. Y luego el equipamiento de las casas, que está más orientado a un consumo de libros, de referencia, consulta, etc.

Las lecturas durante la Transición

Había tal hambre de conocimiento que se producen datos que no se han vuelto a producir: se edita el mismo número de títulos prácticamente en literatura (entendiendo por literatura, teatro, poesía, ficción, perdón, narrativa, etc.) como títulos de Ciencias Sociales y Humanidades, cosa que, insisto, no ha vuelto a ocurrir. La edición de Ciencias Sociales y Humanidades responde a esa hambre de conocimiento y son sobre todo temas relacionados con la política, el derecho, la economía, la educación… Son temas de cultura digamos democrática.

Hay también un fenómeno muy curioso, y es que no solo se editan obras de profundidad y de calado, sino que también hay mucha edición divulgativa de política. Algunos de los que me estén viendo o escuchando recordarán que por ejemplo surgió una colección que se llamaba “A lo claro”, era “A lo claro la OTAN”, “A lo claro la sexualidad”…; temas que para nosotros eran absolutamente desconocidos y cuya intención era la educación en temas del ejercicio democrático, más todos los temas que se recuperaron una vez que se abre la libertad de edición y la libertad de expresión. Es un momento de auténtico hambre por leer determinado tipo de cosas y donde el libro de ensayo, el libro científico, el libro de Humanidades y Ciencias Sociales tiene un momento de absoluto esplendor.

(Durante la Transición) Había tal hambre de conocimiento que se edita el mismo número de títulos en literatura como títulos de Ciencias Sociales y Humanidades, cosa que no ha vuelto a ocurrir.

Evolución desde 1978

En estas cuatro décadas han ocurrido varias cosas. Empezando por las edades más tempranas, yo creo que ha habido una riqueza en la oferta editorial del libro infantil, tanto nacional como traducido, que ha generado muchísima lectura, no solo en las escuelas sino también en los hogares. No es que antes no se leyese en las casas, pero en este momento la literatura infantil y juvenil tiene un nivel digamos de consolidación que no tenía en aquellos años. Por otro lado, la narrativa sigue siendo una de las grandes referencias, una narrativa donde yo creo que lo que ha habido es una evolución en el sentido de finura, de identidad, de sellos editoriales, de cuidado en la edición, es decir, se ha mejorado mucho en cuanto a autores, variedad de literatura representadas, géneros y en cuanto a distintos formatos y opciones, yo creo que la bibliodiversidad en literatura es básica.

Por poner algún ejemplo, hubo una colección que sacó la editorial Salvat con RTVE, que fue acompañada por una campaña de publicidad de las que ahora no se hacen. “La tía Tula” de Unamuno creo que era el primer número, vendió 750 mil ejemplares. También vendían autores extranjeros como Dominique Lapierre con “Oh Jerusalén”. Ahora se sigue manteniendo el bestseller, pero hay una mayor fragmentación en las lecturas y en los gustos. Ahora mismo el lector es un lector mucho más educado en la lectura, mucho más exigente y que eso convive con el lector de bestseller.

En estos cuarenta años también hay un dato importante y es que lo que fue un sector muy pujante en aquella época, todo el sector de venta-crédito, con referencias, consulta de diccionarios enciclopédicos, atlas, etc., tras la aparición de Internet prácticamente es un mundo que se ha reducido a la mínima expresión porque todo ese conocimiento se puede incorporar en Internet y porque además no tiene la asociación que tenía antes de acceso a la cultura como clase media que era un poco la manera de exponer cual era tu nivel.

Perfil del lector actual

Haciendo un estereotipo rápido, el lector es un lector de una edad entre los 34/44 años y mujer. Es un lector que lee en tiempo de ocio y en casa porque se pregunta por cuanto se utiliza la lectura con otras finalidades, por ejemplo, en el trabajo. Es un lector que aproximadamente si es frecuente lee unos diez libros al año y que le dedica aproximadamente unas ocho horas a la semana a la lectura. Ese es un poco el lector tipo. Luego hay muchos matices, por ejemplo, en las edades escolares el hábito de lectura está muy arraigado y sin embargo, a partir de los quince años hay una especie de fuga de la lectura que luego supongo que se recupera. Pero el lector tipo es mujer, narrativa, urbano, más del centro al norte de España, que lee en tiempo de ocio y normalmente en casa.

El lector tipo actual es una mujer, narrativa, urbana, más del centro al norte de España, que lee en tiempo de ocio y normalmente en casa.

Uno de los cambios fundamentales en esos cuarenta años es la fortísima incorporación de la mujer como lectora. Yo creo que es uno de los cambios más profundos que se producen.

Gustos del lector

Lo que más le gusta al lector es la narrativa. Ahora hay una narrativa española que está teniendo muchísimo éxito y gustando mucho. Ahí tenemos, por ejemplo, “Patria”, un libro que se lleva vendiendo con muchísimo éxito prácticamente unos años. Ha habido novelas con un componente de intriga que también han tenido muchísimo éxito, como es Dolores Redondo. Y yo creo que la novela con un trasfondo histórico, con un trasfondo de thriller, policiaco, un tinte sin llegar necesariamente a la novela negra, está teniendo éxito. Están teniendo éxito también algunos temas de literatura fantástica y luego se mantienen esos grandes éxitos que nos llegan de fuera que pueden ser los “Grisham”, los “Stephen King”, etc. que se siguen manteniendo.

Hay ciertos contagios, por ejemplo, el tema del thriller es un contagio claro o es una tendencia clara ahora mismo como opción de ocio o entretenimiento. Te puedes encontrar que hay mucho thriller muy bueno y que vende muy bien en el sector editorial y que hay mucho thriller en plataformas de televisión de pago. Entonces si hay ciertas coincidencias.

Miguel Barrero: “Lo que más le gusta al lector es la narrativa. Ahora hay una narrativa española que está teniendo muchísimo éxito y gustando mucho”

Compra de libros: papel vs digital

En este momento va ganando cada día más peso la compra de libros, aunque sean físicos, utilizando plataformas digitales, plataformas digamos de carácter internacional, pero también iniciativas nacionales que las hay y bastante buenas, pero cada día va ganando más peso quizá por la comodidad y entre otras cosas por la mejora de la logística. En este país, en este momento, insisto, no necesariamente en una plataforma internacional, en alguna plataforma nacional de distribución, puedes tener el libro igualmente en veinticuatro horas, lo cual es una tremenda comodidad.

Si compras en este tipo de plataformas el acceso al fondo también está más facilitado, es más fácil conseguirlo. En cuanto al formato, hace una década se dijo que en estas fechas el cincuenta por ciento de la facturación se estaría generando en digital. Lo que ha ocurrido es que hay un ecosistema más rico, la gente tiene más capacidad de elegir y puede decidir si quiere un formato papel o si se quiere ir de vacaciones y llevárselos en un dispositivo en donde aquello no le ocupe sitio, incluso se puede llevar más.

Entonces, se ha enriquecido mucho el ecosistema, las posibilidades de leer, pero, sin embargo, no tanto los hábitos; en este momento, la facturación del total de la facturación del mundo del libro, solo un cinco por ciento aproximadamente ciento veinte o ciento cuarenta millones se facturan en soporte digital, el resto sigue siendo el papel. Esta cifra de digitalización que insisto que se esperaba que fuese muchísimo más exponencial y más rápida en su crecimiento, yo creo que tiene margen de crecer y de hecho creo que va a crecer, sigue creciendo ligeramente todos los años, pero no ha tenido la capacidad de explosionar que se preveía.

El hábito de leer en papel sigue muy arraigado, y hay otro factor y es que yo creo que no somos capaces de medir que mucha de la lectura que se produce en digital no se factura porque uno de los males de este país y que estos tiempos de democracia no han conseguido arreglar ni han conseguido educarnos, es que está muy extendida la falta de respeto a la creación intelectual y por tanto hay un nivel de piratería altísimo. Mucha de la gente que lee de forma pirata no sale en las cifras de comercio interior; si transparentásemos esa facturación podíamos estar hablando de tener que añadirle a esos ciento cuarenta pues, a lo mejor, el cálculo que tenemos, que tampoco es un cálculo súper preciso, pero que más o menos sí que podemos dar cierta certeza, habría que añadirle doscientos millones más, con lo cual estaríamos hablando de  que esta cifra se acercaría más a estos dos dígitos que a ese cinco por ciento.

Mucha de la lectura que se produce en digital no se factura porque está muy extendida la falta de respeto a la creación intelectual, hay un nivel de piratería altísimo.

La evolución del sector editorial

Era un sector muy pujante. A riesgo de cometer el error de no mencionar a todos, estamos hablando de editoriales como Argos Vergara, Bruguera, Plaza & Janés, Seix Barral, Destino, Salvat, Océano, Montaner y Simón, Anaya, Santillana, SM, Edelvives, Vicens Vives, Labor, Tecnos…, es decir, hay un ecosistema editorial que podría en una lectura fácil no corresponderse con aquellos años, pero como se había producido ese efecto a partir de la segunda mitad de los 60, tenemos un panorama editorial, diverso, rico y muy profesional y que además inicia la internacionalización. Hay grupos, como Planeta, Santillana u Océano, son grupos que miran a América y que empiezan una externalización, no lo digo solo en el sentido de exportación sino de profesionalizar su presencia en América.

Entonces es un sector donde hay muchos agentes y es un sector donde el editor tiene un componente de pasión inherente casi a la profesión, es decir, no lo digo en plan romántico, pero todos los editores tienen una identidad con lo que están haciendo y con emprender esta aventura tremenda. Bipolarizar, siempre tiene trampa, pero de las grandes facetas que tiene un editor, todavía hoy la cultural y la empresarial, todavía hoy, digamos que tiene una fortísima pasión cultural y eso que el sector tenía una cierta pujanza económica, es decir, que no es un sector que estaba en pérdidas de alguna manera.

A ese elenco se empieza a producir un factor de concentración, hay grupos que empiezan a comprar otros sellos: Alfaguara es comprada; Aguilar, otra empresa clave, es comprada; Tecnos, Ariel, etc., se van comprando. Se produce un movimiento de concentración, pero también se produce un movimiento en el que aparecen editores independientes, muchos de ellos asociados a esa necesidad de conocimiento, de aprendizaje democrático, por poner un ejemplo, estamos hablando de Ciencia Nueva o de La gaya ciencia, aquellos libros que yo todavía recuerdo circular por mi casa, para mí son un icono, unos libros escritos por primeras firmas como Felipe González, Ramón Tamames, Tierno (Galván). Había un libro “Qué son las izquierdas”, “Qué es un partido político”, estaban escritos por protagonistas de primera fila.

También surgen los grandes editores que siempre serán un icono para el mundo editorial: surge el Anagrama de Herralde, surge Tusquests. No nos olvidemos que son años en los que existe una gran referencia que no ha nacido en los 70, pero  que digamos que está en su punto máximo de reconocimiento que es Alianza Editorial que fue fundada por gente como Ortega o Javier Pradera y que es una apuesta de  traer en bolsillo lo mejor de la literatura, de la ciencia y del ensayo, es una colección digamos emblemática.

En la actualidad se ha producido un fenómeno muy parecido, y es que ha habido una última concentración, se han configurado cinco o seis grandes grupos en España y sin embargo, también se han mantenido digamos los editores medianos y ha habido una proliferación de editores pequeños. Esos editores están haciendo un trabajo de una brillantez y de una calidad total, son editores que apuestan por un tipo determinado de literatura, están rescatando muchísima literatura, por ejemplo,  de los años 40 y 50 europea, y están trabajando con una identidad muy fuerte, lo que es conocido como el sello editorial que es qué tipo de literatura edito, no solo en narrativa, también en ensayo, qué tipo de autores estoy trayendo, qué tipo de formato, en qué diseño,… En ese sentido, son ediciones muy cuidadas, tanto desde el punto de vista de la calidad de la creación como desde el punto de vista formal porque son ediciones que, aunque tengan formato de bolsillo están muy bien diseñadas, están muy bien cuidadas las cubiertas, está cuidado el papel etcétera. Yo creo que estos pequeños editores independientes están haciendo una aportación de mucha relevancia para la bibliodiversidad de la edición en España.

Es un sector donde el editor tiene un componente de pasión inherente casi a la profesión, es decir, no lo digo en plan romántico, pero todos los editores tienen una identidad con lo que están haciendo y con emprender esta aventura tremenda.

Libros editados en España

Estamos entre 70.000-80.000 títulos al año. Normalmente todos tendemos a tener simplificaciones en las interpretaciones, entonces es cuando uno dice 80.000 novelas se han publicado en España o como mucho, 80.000 novelas y ensayos porque afortunadamente siempre hay algún año en el que algún ensayo que se convierte en un bestseller en los últimos tiempos.

Este es un país con mucha riqueza cultural y lingüística, 21.000 títulos no están editados en castellano. Y no me estoy refiriendo a que estén editados en inglés porque esa cifra es irrelevante, pero te da una idea de que el resto de las lenguas del Estado se está haciendo una producción muy significativa. 21.000 de 75.000/80.000 son muchos libros. Hay otros datos que son igual de sorprendentes en cuanto uno descompone esa cifra: 17.000 son libros de texto, libros de texto porque hay diecisiete realidades educativas distintas en España, porque hay diecisiete curriculum y varias lenguas y, por lo tanto, un libro de geografía e historia, de tercero de la ESO al menos tiene diecisiete ediciones, una por comunidad autónoma. Y alguna de ellas en dos lenguas.

Otro dato sorprendente es la riqueza de la producción editorial del libro infantil y juvenil: 13.000 títulos son de infantil y juvenil y aproximadamente 15.000/16.000 es de libro académico, científico-técnico. Finalmente, uno cuando dice “se han publicado 70.000 novelas”… No, se han publicado 17.000/18.000 novedades en el conjunto de la literatura que incluye poesía, que incluye novela romántica, que incluye novela fantástica, que incluye diversidad de géneros.

Retos del futuro

Tenemos un itinerario marcado para los próximos años que se puede resumir en cinco o seis ejes de trabajo. El primero, aunque vayan mejorando las cifras de hábito-lector, no nos confundamos, el objetivo del sector editorial es el lector. Con lo cual, todo lo que se haga para fomentar el hábito lector y la competencia lectora, es decir, no solamente es leer, es saber leer, es un eje irrenunciable.

Un segundo eje desde mi punto de vista, que además es un eje que yo creo que no es propio de un país con el nivel de progreso social, económico, cultural, democrático que tenemos, que es la lucha contra la piratería. No solo la piratería que lees en cuanto a pérdida económica, es en cuanto a respecto a la creación intelectual. La creación intelectual no sólo del mundo del libro, en general a la figura del creador. Entonces esas son dos líneas dirigidas a la ciudadanía clarísimas, que es el fomento del hábito lector y el descenso de los hábitos relacionados con la piratería.

Luego tendríamos un eje muy claro que es el de la comunicación del valor de la edición dentro de la industria cultural española. Es la primera industria cultural española, pero hay que luchar por comunicarla mejor; qué es, cuál es el papel del editor en la sociedad, creo que tenemos que hacer un serio esfuerzo de comunicación. Además deberíamos comunicar qué significa leer en esta sociedad de Internet, del conocimiento, y volver a persuadir de cuáles son esos valores.

Y luego tenemos claramente la internacionalización y el comercio exterior: Latinoamérica está en un momento de crecimiento económico y social, y por lo tanto, de demanda de producto cultural donde el libro es clave. Hay un momento de oportunidad si sabemos hacer estrategias de presencia en ese ciclo de progreso que se está produciendo de América, porque va a haber demanda de libros. Creo que hay un punto también importante que es que el sector colabore profundamente en la reestructuración del mapa de distribución y de librerías en las que se está en este momento gestionando en España. El sector de libro necesita al sector de la distribución y creo que es un momento en el que tenemos que trabajar juntos para diseñar ese mapa.

Un último punto, nosotros no somos un sector muy quejica, pero yo creo  que en gran parte de las políticas necesitamos que la administración nos apoye, no estamos diciendo que nos supla, estamos diciendo que nos acompañe en determinadas cosas. Por ejemplo, en la presencia internacional necesitamos la compañía de la administración en el fomento a la lectura, necesitamos a la administración y también, una cierta implicación, de medios de la comunicación, de la sociedad,. no solo es una petición a los podemos públicos. Luego hay peticiones directas, por ejemplo, que se recupere la dotación de recursos para las bibliotecas en la compra de libros, que con los recortes fue un descenso vertiginosos y sin embargo, tenemos una red bibliotecaria magnífica, es una red amplia, con muchísima capilaridad y gestionada por profesionales de primera que las están convirtiendo en centros de agitación cultural, entonces yo creo que ese empuje y esa profesionalización de las bibliotecas no puede no ir acompañada de la dotación de libros.

Y en esta bibliodiversidad, determinados tipos de publicaciones se merecen alguna ayuda directa, es decir, hay libros que se están editando que necesitarían un apoyo institucional porque si no, no existirían.

Hay un punto también importante que es que el sector colabore profundamente en la reestructuración del mapa de distribución y de librerías en las que se está en este momento gestionando en España. El sector de libro necesita al sector de la distribución y creo que es un momento en el que tenemos que trabajar juntos para diseñar ese mapa.

La Constitución y la edición

El artículo 20 de nuestra Constitución lo que hace es dibujarnos un panorama de posibilidades infinitas especialmente frente a lo que veníamos, donde había un sistema de censura que funcionaba y los censores se ganaban el sueldo. Entonces yo creo que el artículo 20 en el sentido que establece la libertad de expresión y pensamiento, de ideas, la libertad de comunicación, la libertad y de producción artística, la libertad de cátedra y sobre todo elimina la censura que lo que hace es dejar un panorama de creación sencillamente infinito.

La edición libre es un pilar básico para hacer mejores ciudadanos, y ciudadanos con mayor criterio para ejercer de una manera responsable la democracia. Yo creo que un ciudadano cuanto más informado esté, cuantos más puntos de vista sea capaz de conocer, cuanto más sentido crítico tenga será un mejor ciudadano y hará un mejor ejercicio de la democracia. Con esto no estoy quitando a que aquel que no tenga una suficiente formación o de lectura, no pueda tener un ejercicio de la democracia pleno, pero yo creo que especialmente el conocimiento, la información, el espíritu crítico nos hace mejores ciudadanos.

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