EN PERSONA

“El Reina Sofía es una de las cosas que le han salido muy bien a este país y yo solo soy un elemento de un equipo muy amplio”. Así se define Manuel Borja Villel, el director responsable de que la maquinaría del Museo Reina Sofía engrane perfectamente. Con un currículum internacional que le ha permitido observar la cultura desde diferentes prismas, Villel se licenció en Historia del Arte en la Universidad de Valencia y, posteriormente, recibió una beca Fulbright y ha realizado el máster en la Universidad de Nueva York.

Asimismo, ha sido director de la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona desde su inauguración, en junio de 1990, hasta julio de 1998; posteriormente fue máximo dirigente del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) hasta 2008, y desde esa época es director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) que, a su juicio, es uno de “los cinco mejores museos del mundo”.

¿Cuáles han sido los grandes referentes en el arte español?

No hay solo un referente sobre el arte español en nuestro país y fuera, sino que ha habido varios. Por un lado, están las grandes figuras del arte moderno; de las vanguardias históricas, como Picasso, Miró, Juan Gris; los grandes arquitectos, como Sert; los poetas o los cineastas… Los cuales debido al exilio durante la Guerra Civil tuvieron que realizar su trabajo en el extranjero.

Por otro lado, existe la referencia de una generación más joven, la cual se promovió desde el propio régimen franquista, a finales de los años cincuenta. Este grupo de artistas estaba asociado al expresionismo, al informalismo, que fueron apoyados desde España y realizaron exposiciones en lugares tan importantes como Venecia.

Todos ellos estaban asociados a una cierta idea de lo que era el arte y la cultura española, que estaba muy ligado la gestualidad, a la bravura y a un estilo romántico. Sin embargo, a mediados de los ochenta se produce una tercera internacionalización del arte español fuera de nuestro país, con unos artistas más jóvenes, un estilo más internacional y, de algún modo, así estaba yo en los ochenta en Nueva York. En esta época, se empiezan a hacer algunas exposiciones, tanto en Europa como en Estados Unidos, de artistas españoles y se percibe la idea de juventud y de que era algo y lleno de ímpetu.

¿Cómo afecta la época de la Transición a los artistas?

El arte de los años setenta refleja e incide en algunos de los elementos de la cultura e, incluso, de la política española. Hay una serie de artistas que todavía conviven con formas de trabajar clásicas, como Arroyo, Saura, el propio Canogar o Equipo Crónica. Realizaban arte con una vocación política y combativa pero, por otro lado, se mantenían en parámetros modernos, donde había una separación entre lo que era la obra y la propia vida, donde se representaban los eventos políticos. Al mismo tiempo, aparece una generación de poetas, activistas, músicos y de gente muy joven asociada a la contracultura y cuyas propuestas estéticas y poéticas son distintas. De algún modo, esto refleja la dos Españas, la España que lucha por las libertades democráticas, pero que tiene un perfil más institucional, y la España que quiere unir arte y vida, y busca la democracia directa.

Hay un elemento muy significativo y común para todas las grandes figuras del momento, de nuevo Equipo Crónica, Arroyo, Tapies, que era la obsesión por el muro. El muro es el paredón a partir en el cual se fusilaban a todos aquellos que eran considerados terroristas, que eran considerados enemigos del régimen y por tanto era una batalla muy importante. El muro era lo contrario de la ventana renacentista, la pintura no es aquello a través de lo cual se ve un mundo ideal, sino que el muro tiene algo ideal, algo de real.

En esta época, también encontramos a la gente más joven contracultural, que defienden los derechos de las mujeres, que están en contra de la visión de los psiquiátricos y de las personas con problemas mentales, que se aislaban de la sociedad y que buscan una sociedad mucho más igual, mucho más abierta y curiosamente estos hablan, no del muro, no del paredón, si no de saltar la tapia, que ya te digo que es una realidad política muy clara.  Hablan de saltar los muros de una sociedad que nos encierra. Estas dos posiciones políticas, estéticas, comprometidas tantos unos como otros, estuvieron tiempo en la cárcel y reflejan la tensión, esta transición bífida de la cultura española del momento que curiosamente creo que se va perpetuando y que es una dualidad que posiblemente no se ha superado todavía.

El Museo Reina Sofía existe porque existe el Guernica. Se creó para traer el cuadro.

¿Qué supuso el regreso de El Guernica, el cuadro más importante y simbólico de Picasso?

El Guernica, siempre se habla del regreso del Guernica, pero de hecho el Guernica nunca regresó porque nunca había estado en España. Siempre había estado en la exposición internacional del 37 y ya nunca vino hasta los ochenta. Pero es significativo que se hable de esto porque el Guernica se consideraba un icono del exilio español y es muy sintomático de una situación histórica.

El Museo Reina Sofía existe porque existe el Guernica, de hecho la idea era traer el cuadro, crear un museo en el cual estuviese el Guernica y todo aquello que se había hecho en este contexto y esto significaba literalmente un museo para el Guernica, para el pabellón de la República, para el arte de los años treinta, para una generación de artistas extraordinaria española de los años veinte hasta los años treinta y también para recuperar todos los elementos, todos los artistas de la cultura del exilio de la diáspora. Por tanto, este museo debe su existencia el hecho de que el Guernica llegase aquí.

A menudo en las industrias culturales es más importante el negocio y la marca que el elemento artístico.

¿Cómo ha influido este período de democracia en el arte?

Estos cuarenta años a nivel del estado español marcan un periodo histórico muy preciso que podríamos denominar contemporáneo. Un periodo que a diferencia de las vanguardias históricas, a diferencia de la época de los años veinte, de los años treinta, unos años en los cuales los ismos, los movimientos, eran continuos, había el cubismo, el surrealismo, el futurismo… Significativamente en estos últimos cuarenta años, prácticamente no hay ismos, y esto es muy importante porque esto significa que hay un paso y, de hecho, en los sesenta, setenta Foucault y Bart hablaban de la muerte del autor o como mínimo de la desaparición del autor. Y es una época en donde el espectador se sitúa  de algún modo en el centro. Es tan importante en el discurso, es tan importante en la forma de entender la práctica artística como el autor de algún modo.

Y de ahí que no deja de ser significativo, primero que no haya esta sucesión de movimientos, que es lógico porque no hay manifiestos, y también la importancia de las instituciones, la importancia de lugares en los cuales se muestra el arte, se hace el arte y se recibe también el arte.  De ahí que un movimiento característico de estos cuarenta años, fuera y dentro de España, es la importancia y la creación a veces he dicho que excesiva, aunque creo que no es así, otra cosa es que los museos tenga ser sostenibles, la creación como digo de una serie de museos en Madrid y en el resto de capitales del estado con una importancia muy significativa.

También, otros de los elementos digamos diferenciadores de esta época en la cual vivimos y las anteriores, tiene que ver con el hecho de que las industrias culturales, el turismo o las industrias de la comunicación de algún modo absorben o toman a veces como rehén el arte o la cultura, o como mínimo la cultura forme parte de algo mas amplio que tiene que ver con las industrias culturales y la batalla digamos de la cultura por mantener una autonomía, por mantener un espacio que no es otra cosa que mantener una autonomía en la cual lo importante es la educación, lo importante es la creación y no tanto el beneficio contable, no tanto digamos el espectáculo, no tanto el marketing.

En ese contexto, la importancia, la popularización, la centralidad del arte podemos decir que no había sido tan importante como en estos momentos, pero es una importancia, es una centralidad que, por otro lado, puede diluir digamos la especificad, puede diluir aquello importante o significativo la práctica artística. Es como si uno hiciera una fábrica de coches y pusiese toda la energía, todo el dinero, toda la inteligencia en crear una marca, en crear un marketing y se olvidase de hacer los coches. A veces lo que ha ocurrido con las industrias, lo que ocurre muy a menudo con las industrias culturales es que es más importante el negocio, la marca  y no tanto el elemento propiamente artístico.

Por cada euro que recibe el Reina Sofía del Estado, devuelve cinco euros a la sociedad, en forma de creación de empleo.

¿Puede servir la cultura como un reclamo turístico y económico de las ciudades?

La oferta cultural creo que es muy importante en algunas ciudades como elemento de atracción turística. Gracias a estudios que se han realizado en el Reina Sofía, sabemos que por cada euro que recibe este museo de transferencias del estado, el museo devuelve a la sociedad cinco euros, a partir del trabajo que se da a empresas de transporte, trabajos que se da a los negocios que están alrededor del museo, etc. Por tanto, a nivel económico, los museos obviamente, o la cultura, es un elemento de atracción del turismo. Y esto en sí, no es malo ni bueno, es bueno que se genere economía, es bueno que se genere trabajo, la economía cada vez más va en un sentido de servicios, pero el problema es cuando se prioriza el beneficio sobre la educación, sobre las personas. Eso es grave en todos los sectores pero, en el caso de la cultura, es si cabe todavía más grave.

En este país se han creado grandes edificios de grandes autores y luego nos hemos olvidado de saber cómo se financiaban.

Y por tanto ese es el riesgo. Y ese riesgo, se ha visto, lo hemos visto, lo hemos padecido en este país cuando de algún modo se ha procurado, se ha buscado crear grandes edificios de grandes autores donde lo importante sea algo que llama la atención y luego nos hemos olvidado de saber cómo se financiaba los edificios, si eran sostenibles, si había una colección o unas actividades para esos edificios y de ahí la importancia de entender que el arte y la cultura forma parte de la sociedad, por supuesto.

Hoy en día, en una época como la actual, es un elemento estructural de la economía de gran centralidad, pero como en todo, como en la sanidad, como en la educación, es fundamental que se priorice a las personas sobre el beneficio contable y es prioritario que se priorice el hecho artístico, la educación sobre las grandes marcas, sobre los grandes edificios. Creo que es fundamental que cualquier pueblo o que cualquier barrio tenga su centro cultural, su bibilioteca, tenga algún centro donde haya actividades, solo que esa biblioteca, que ese centro cultural no necesariamente tiene que ser un gran edificio de un gran autor.

El Reina Sofía es uno de los cinco grandes museos del mundo.

¿Qué ha significado la creación del Museo Reina Sofía en España?

El Reina Sofía es una de las cosas que le han salido muy bien a este país y yo solo soy un elemento en el conjunto de directores, de conservadores, de un equipo muy amplio de políticos, de administraciones que han estado apoyando, que han estado detrás de este museo y que gracias a ellos, en relativamente muy poco tiempo, el museo abre sus puertas. La colección se presenta en el 92, se constituye como museo en el 88, en el 90 abre sus puertas este edificio y por tanto, es un museo muy reciente. En esos pocos años con varias crisis, en la que sobre todo la última crisis económica ha dificultado la adquisición de obras.

Un museo que también se crea en un momento en el cual el mercado artístico, los precios, empiezan a crecer de un modo exponencial y, en todo ese contexto, sin duda, el Reina Sofía es uno de los cuatro, cinco grandes museos del mundo y creo que eso es muy importante para el país, como digo creo que es una historia de éxito.

Es uno de los grandes museos y creo que tiene unas posibilidades de crecimiento a nivel popular, a nivel de formas de sostenibilidad, pero sobre todo a nivel de entender otra forma, de plantear otra forma de entender la historia, que no es una historia única, es una historia plural donde como digo la diáspora es una condición permanente por desgracia en la sociedad contemporánea, solo tenemos que pensar en los campos de refugiados, Siria, etcétera, etcétera, ese escribir la historia desde la diáspora es algo que está en el ADN del Reina Sofía, ya que el primer elemento del Reina Sofía es justamente el Guernica, es el exilio, y como digo por tanto, es una historia de éxito y una historia con un futuro muy importante.

¿Por qué cree que se produce el boom de la creación de los museos?

Las causas de la explosión de todos estos centros y museos de arte contemporáneo son varias. Por un lado, no había prácticamente nada cuando llega la democracia y, por tanto, la necesidad de crear lugares, instituciones donde los artistas se pudiesen exponer, donde se pudiese debatir, donde hubiesen bibliotecas era totalmente evidente.

Por otro lado, la democracia en España aparece en los años 80, que es un momento donde esta economía basada en los servicios, en lo cognitivo, en lo cultural, en el turismo, en el espectáculo, empieza a crecer y, por tanto, también es lógico que España cuando entra en este mundo tiene una carencia absoluta de instituciones culturales y que eso es de algún modo lo que se va ofertando. Y de ahí que se crease inmediatamente, en muy pocos años un tejido con instituciones realmente importante.

Las autonomías, el hecho de que cada zona del estado quisiese representar digamos su visión del mundo, también han sido importante y ha hecho que en Valencia esté el IVAM, que en Barcelona esté el Vaughan, en Bilbao esté el Guggenheim y ha contribuido a un elemento de riqueza.

¿A los museos les condiciona mucho su patronato?

Toda institución tiene que responder a un patronato, a una sociedad, por supuesto, pero al mismo tiempo para responder necesitas también una autonomía, una autonomía de gestión y eso creo que es fundamental para todas las instituciones. Eso creo que es algo que es importante a nivel de legislación, a nivel de administración.

De hecho el Reina es privilegiado, es un museo que tiene muchos visitantes, que tenemos una ley propia, nos ha permitido tener una fundación de coleccionistas que recauda fondos literalmente para comprar obras, tenemos una fundación de amigos que recaudan dinero también para apoyar el museo y por tanto, digamos que el Reina Sofía es una institución privilegiada, pero aún así yo pediría para el conjunto, para ese ecosistema cultural español, primero como decía, autonomía, gestión que lleva acarreada accountability, lleva acarreada un dar cuentas de lo que se va haciendo, por supuesto.

Segundo, el que digamos se valoren digamos este rendimiento de cuentas no se valore exclusivamente por elementos economicistas, por elementos contables, por elementos de procedimientos, sino que lo importante sea la idea de servicio público, lo importante es cómo se sirve al público y al público no se le sirve únicamente contándolo sino que se le sirve tratando de crear espacios de aprendizaje, espacios de afectos y por tanto, para mi es fundamental que desde las instituciones públicas se promueva esta idea de servicio público. Se promueva la idea de que las instituciones son un servicio para el público y que por tanto hay cosas que pueden ser autogestionadas, uno hace una gran exposición de un artista muy reconocido y ya realmente si eres una institución importante, relativamente fácil, es recaudar fondos, pero siempre habrá cosas que serán minoritarias, cosas que no tendrán un redimiento contable inmediato o un redimiento digamos para los próximos años  o meses, pero que es fundamental que eso se realice.

Y esa es la diferencia entre una institución pública y yo creo que esto es una de las cosas que en estos años se ha conseguido, que creo que es importante preservar y una institución que tiene digamos otro tipo, una entidad que tiene otro tipo de intereres de tipo económico, turístico o lo que sea.

El Guernica no nos pertenece a nosotros, el Guernica fue de los exiliados españoles.

¿La cultura pública y la privada son complementarias o competidoras?

Toda cultura es pública, sea privada, sea de las administraciones, sea estatal, pero para mí sería muy importante el crear un triángulo y creo y sobre todo en estos momentos y creo que se complementan perfectamente. Donde esté lo público estatal, lo público de las administraciones y que es fundamental por esta idea de servicio público que creo que nunca debemos de perder y que es uno de los grandes logros de la sociedad.

Por otro lado, lo privado, porque da también una visión a nivel cultural de una perspectiva del mundo porque hay cosas que las instituciones públicas nunca van a poder hacer y hay cosas que los privados nunca van a poder hacer.

Y hay un tercer elemento del cual nos olvidamos muy a menudo, siempre nos olvidamos de lo privado y lo público, pero yo hablaría también de lo común, en el sentido de que debemos de reivindicar que la cultura como el aire, como el agua, es de todos. Los museos somos custodios, el Guernica no nos pertenece a nosotros, el Guernica fue de los de los exiliados españoles, el Guernica fue de Picasso, de las vanguardias históricas, fue también de muchos artistas y activistas que en los años 60 y 70 luchaban contra o protestaban por la guerra de Vietnam, fue también un símbolo de la transición, son todas esas historias que pertenecen a todo el mundo que el museo, el archivo puede custodiar, pero que nunca se puede erigir como portavoz único o propietario único y este elemento de algo que es común, de algo que es de todos, es algo que nunca podemos olvidar.

¿Cuáles son los grandes retos de la cultura en la actualidad?

Los retos más allá de algunos de los que hemos hablado, como la espectacularización de la cultura, el turismo, son varios, algunos más de carácter más técnico, el hecho de la importancia de las nuevas tecnologías que no quiere decir que es simplemente que los cuadros se digitalizarán y estarán, que por supuesto que lo estarán, accesibles para todo el mundo, significa que las nuevas tecnologías son otra forma de relacionarnos, otra forma de entender el mundo, otra forma de entender el tiempo y eso es algo que tenemos que tener presente. Por ejemplo, en otras épocas, los museos eran lugares donde las cosas se guardaban, se catalogaban, los archivos, ahora todo puede estar digitalizado y todo el mundo puede opinar.

Esas opiniones de algún modo deben de encontrar un espacio en el cual se antagonicen y se enriquezcan de digamos de la multitud de lecturas. Esta es una, es uno de los retos porque además esto tiene muchas ventajas y unas posibilidades enormes, pero como solemos a otros niveles de la sociedad,también tiene fake news, etcétera, etcétera y también tiene algunos digamos algunos inconvenientes o algunos problemas.

Otro reto que yo creo que es algo fundamental es el hecho de que tradicionalmente los museos tenían esta especie de edificio clásico, único donde la gente iba de vez en cuando en instrumentos, la gente viaja continuamente, hay exposiciones por todo el mundo y por tanto, del mismo modo que no hay nada en la sociedad que se pueda considerar que pueda estar aislado, los museos no pueden estar aislados. Esto es un elemento de riqueza, es un elemento de crecimiento, puede ser también un elemento como las tecnologías de empobrecimiento en el sentido de que la tendencia a veces demasiado inmediata de los museos es crear franquicias. Pero una franquicia es como un chicle que lo vas estirando y al final lo mismo lo vas empobreciendo.

En lugar de las franquicias nosotros proponemos un trabajo de redes, de redes muy desiguales, un trabajo de redes de museos, pero también de otro tipo de organizaciones, de centros de estudios, asociaciones, red de archivos…Y esta estructura compleja yo creo que nos enriquecen.

Por consiguiente, para mí estos son los dos retos unidos a un tercero que tiene que ver con la popularidad de la cultura, cada día siempre se habla de que a la gente no le interesa el arte, no le interesa la cultura, pero lo cierto es que cada día los museos están más llenos. El reto para el futuro no será atraer mucha más gente, yo creo que eso va a venir, sino el cómo hacer que la experiencia en el museo no sea, digo museo porque es donde estamos, pero también me refiero bibliotecas, también otro tipos de instituciones no sea una experiencia meramente de paso, sino que sea una experiencia que nos enriquezca, cómo hacer que los nueve millones de visitantes que pueden ir al Louvre no sean un impedimento para disfrutar de las obras de arte, yo creo que ese es otro de los retos.

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