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En una celebración tan importante como el 40 aniversario de la Constitución, las Cortes Generales han preparado una exposición muy especial. Los originales de todos los textos constitucionales de España, desde “La Pepa” de 1812 hasta la de 1978, han salido de la caja fuerte del Archivo del Congreso de los Diputados para que puedan disfrutarlos todos los ciudadanos que se acerquen desde hoy hasta el 31 de mayo de 2019 a la Carrera de San Jerónimo.

La muestra Constituciones (1812-1978), que se ubica en el hall del edificio Ampliación III, el número 36 de la Carrera de San Jerónimo, permite hacer un recorrido por la historia del constitucionalismo español mostrando los originales de todas las constituciones que se conservan en el Archivo. El objetivo de esta exposición es acercar a los ciudadanos una parte significativa de nuestra historia política y constitucional de una manera sencilla y didáctica.

Cada uno de los ejemplares se encuentra expuesto en una vitrina junto a otros objetos relacionados con las constituciones, entre ellos la pluma con la que Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I sancionó la Constitución de 1978. Además, se ofrece a los visitantes material audiovisual que nos presenta el contexto en el que surgieron estos textos constitucionales.


Constitución de 1812

© Federico Reparaz

La primera vitrina contiene la Constitución de 1812, que es conocida como “la Pepa” puesto que fue aprobada un 19 de marzo, día de San José. La edición manuscrita está encuadernada en terciopelo de seda roja y firmada por los diputados al lado del territorio que representaban. Se imprimió sobre papel con marca al agua J. Whatman y en el centro de la tapa figuran las letras FDO VII. La encuadernación está firmada por Pascual Carsi y Vidal, encuadernador de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, que se trasladó a Cádiz tras la invasión napoleónica regresando a Madrid con la vuelta de Fernando VII.

Las Cortes, reunidas primero en el Teatro Cómico de la isla de León (San Fernando) y más tarde en el Oratorio de San Felipe Neri en la ciudad de Cádiz, aprobaron el texto durante la invasión napoleónica y con el rey Fernando VII ausente. “La Pepa” reconoce por primera vez el principio de soberanía nacional y la separación de poderes, proclama algunos derechos como el de libertad personal o el de propiedad y no reconoce la libertad religiosa. El rey lo es “por la gracia de Dios y la Constitución”. Las Cortes se organizan en una única cámara y los diputados, elegidos mediante sufragio indirecto, necesitaban tener una renta mínima para ser elegibles.

La vuelta a España de Fernando VII en 1814 supuso su derogación y el regreso al absolutismo, pero tras el pronunciamiento de Riego en 1820, el rey se vio obligado a jurarla permaneciendo vigente durante el Trienio Liberal (1820-1823). La Constitución aprobada en 1812 aún tuvo un tercer periodo de vigencia tras el denominado motín de los sargentos de la Granja en 1836 restableciéndose solo durante unos meses. Pese a su vigencia corta y discontinua, la Constitución de Cádiz supuso un referente tanto en España como en algunos países europeos y americanos.

Constitución de 1837

La segunda vitrina muestra la Constitución de 1837. Destaca su encuadernación, en terciopelo azul, con cantos metálicos, cortes dorados y caja de piel firmada por Ginesta, con interior en raso azul. Las guardas van ornadas con una estampación en piel ‘a la catedral’.

La Constitución de 1837 sucedió al efímero Estatuto Real de 1834, que si bien supuso el final de la etapa absolutista de Fernando VII, no tuvo carácter constitucional.

© Federico Reparaz

En 1836, tras el motín de los Sargentos de La Granja, se restableció la vigencia de la Constitución de Cádiz y en octubre de 1837 se eligieron unas Cortes constituyentes. La Constitución de 1837 mantenía la soberanía nacional y creaba un parlamento con dos cámaras de iguales facultades, Congreso de los Diputados y Senado. Contenía una declaración sistemática de derechos, incluyendo la libertad personal, la inviolabilidad del domicilio, la libertad de expresión, las garantías penales y procesales, el derecho de petición, la igualdad en el acceso a los cargos públicos y el derecho a la propiedad.

Se instauró una monarquía constitucional, que mantenía los poderes del rey, ratificando las facultades de convocatoria y disolución de las cámaras, así como el derecho de veto. Los actos del rey debían ser refrendados por los ministros, pero estos eran a su vez nombrados y cesados libremente por el rey. El Congreso de los Diputados se elegía mediante un sistema de voto censitario, mientras que el Senado tenía una composición mixta, con senadores designados por el rey y senadores a título propio.


Constitución de 1845

La vitrina con la Constitución de 1845 muestra dos ejemplares. Una es la edición manuscrita no encuadernada con el oficio de remisión del archivero-bibliotecario del Ministerio de Justicia, datado en Palacio a 23 de mayo de 1845 y firmada por la Reina. El otro ejemplar es de la Imprenta Nacional encuadernada en terciopelo y estampada en oro.

© Federico Reparaz

Esta Constitución tuvo una vigencia considerable, hasta el año 1869, con la excepción del Bienio Progresista (1854-1856) en que unas Cortes constituyentes elaboraron una nueva Constitución que no llegó a promulgarse. El texto constitucional de 1845 establece un predominio de la Corona sobre las demás instituciones. En el texto desaparece el concepto de soberanía nacional, sustituido por la soberanía compartida entre las Cortes y el rey, quien tiene la potestad de nombrar al jefe de gobierno y disolver las Cortes. Respecto al Senado, se optó por la fórmula del nombramiento real, vitalicio y reservado a personas con un nivel determinado de renta. Se suprime el juicio por jurado, que era la principal garantía para los delitos de imprenta. Se eliminan las posibilidades de participación en los ayuntamientos y se disuelve la Milicia Nacional.

Constitución de 1869

© Federico Reparaz

Continuando con el recorrido de la exposición, encontramos la Constitución de 1869, original manuscrito con una rica caligrafía y ornamentada, encuadernada en terciopelo morado. Este ejemplar se guardaba en el interior de una caja de plata también expuesta.

El periodo histórico denominado Sexenio Democrático abarca desde la Revolución de Septiembre de 1868, conocida como la “Gloriosa”, hasta la Restauración borbónica en 1874. Esta revolución fue acogida con entusiasmo por amplios sectores de la sociedad y supuso el exilio de la reina Isabel II nombrándose un Gobierno provisional y convocándose unas Cortes Constituyentes elegidas por primera vez por sufragio universal masculino.

Los principios esenciales de la Revolución (soberanía nacional, sufragio universal y concepción de la monarquía como poder constituido) quedaron consignados en el texto constitucional de 1869, que mantiene un Parlamento bicameral. Establece como forma del Estado la monarquía. Lo más original de la Constitución era su amplia declaración de derechos, que abordaba cuestiones fundamentales como el juicio por jurado, la acción popular, el derecho de asociación, la libertad de enseñanza y, por primera vez, la libertad de cultos. Su vigencia duró poco debido a la gran inestabilidad política provocada por la monarquía de Amadeo de Saboya, la Primera República y la revolución cantonal.

Constitución de 1876

La Constitución de 1876, cuyo original también forma parte de la exposición, está formado por nueve pliegos de papel de la marca J. Whatman y se conserva en una carpetilla de cintas con los colores de la bandera nacional. No tuvo un acto de promulgación solemne y fue publicada como una ley más. La muestra también recoge el Juramento de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena con arreglo a lo prevenido en la Constitución, como la copia certificada del acta ante el Consejo de Ministros.

© Federico Reparaz

La Restauración borbónica, con la proclamación de Alfonso XII como Rey, supuso el diseño de una nueva constitución, que ha sido la de mayor vigencia que ha tenido España (estuvo en vigor hasta 1923). El texto vuelve a adoptar la soberanía conjunta del rey y las Cortes, si bien un principio fundamental, no escrito, era el de la doble confianza, que exige en toda monarquía constitucional que el Gobierno cuente con la confianza tanto regia como parlamentaria. Contiene una declaración de derechos extensa, tomada en parte de la Constitución de 1869: derecho de asociación, ejercicio privado de la libertad religiosa sobre la base del catolicismo del Estado, libertad de imprenta y libertad de enseñanza. Establece un sistema parlamentario bicameral. El Congreso de los Diputados es electivo y el Senado se compone de senadores por derecho propio, senadores vitalicios nombrados por la Corona y senadores elegidos por las corporaciones del Estado y los mayores contribuyentes.

Las Cortes debían reunirse todos los años. El rey podía disolver simultánea o separadamente la parte electiva del Senado y del Congreso de los Diputados, pero debía convocar y reunir al cuerpo o cuerpos disueltos dentro de un plazo de tres meses. Durante la vigencia de esta Constitución se estableció definitivamente el sufragio universal masculino.

Constitución de 1931

La siguiente vitrina muestra tres ejemplares de la Constitución de 1931. El primero es un ejemplar original, cuya encuadernación en piel marrón gofrada y obra de E. Raso. Este documento es una copia del texto impreso en la Gaceta, pero con la firma del presidente y los secretarios de las Cortes Constituyentes. Tiene guardas en tela estampada en oro y escudos en portada y contraportada.

@Federico Reparaz

El segundo ejemplar es fue un obsequio de las Diputaciones españolas al Presidente del Congreso. Se trata de un ejemplar en pergamino y el texto va caligrafiado en dos columnas, lleva los escudos de las provincias españolas y está encuadernado en piel marrón con escudo y título metálicos en tapa y guardas de raso rojo. Cuenta con los retratos de Julián Besteiro y Niceto Alcalá- Zamora en la primera y última página, respectivamente.

El tercer ejemplar expuesto tiene pequeño formato, ya que se trata de una edición impresa masiva, y cuenta con la bandera tricolor.

La Constitución de 1931 cambia la forma del Estado de Monarquía a República. El artículo primero define a España como “una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. Establece que “los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo” y que “la República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los municipios y las regiones”. La Constitución reconoce por primera vez el voto de la mujer y consagra el sufragio universal igual, libre, directo y secreto. El Estado es laico y se suprime el apoyo económico a la Iglesia Católica y las órdenes religiosas. Hay libertad de cultos. Incluye una amplia declaración de derechos. Se reconocen por primera vez los derechos sociales y económicos: seguros de enfermedad, accidente, paro, invalidez y vejez, trabajo femenino, jornada laboral, salario mínimo y otros.

Constitución de 1978

Como colofón a la exposición, encontramos la Constitución de 1978, cuya conmemoración de sus 40 años celebramos. Este espacio, con una tenue iluminación, contiene dos vitrinas relativas a la Constitución, y dos pantallas de gran tamaño que permiten contextualizar cómo era la vida política, económica, social y cultural durante la época de la Transición.

El texto está en una columna y la forma tipográfica es igual a la del publicado en el Boletín Oficial del Estado. Está impreso en papel color crema con cantos dorados y con las firmas del rey, el presidente de las Cortes, Antonio Hernández Gil, y los del Congreso y el Senado, Fernando Álvarez de Miranda y Antonio Fontán. También firmaron los miembros de las Mesas de ambas cámaras, sin indicación alguna y con tintas de distintos colores.

Congreso de los Diputados

En páginas alternas del cuerpo del texto aparece una firma ilegible bajo las abreviaturas Vº Bº que corresponde al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez González. Está encuadernada en piel roja con estuche de Angulo y Jiménez, de Madrid.

El 15 de junio de 1977 se celebraron las elecciones para constituir las Cortes que habrían de elaborar y aprobar la nueva Constitución, hoy vigente con dos modificaciones realizadas en 1992 y 2011.

Formadas las nuevas Cortes, compuestas por el Congreso de los Diputados y el Senado, se eligió la Comisión Constituyente del Congreso, que, a su vez, designó la Ponencia integrada por los diputados Gabriel Cisneros (UCD), Manuel Fraga (AP), Miguel Herrero Rodríguez de Miñón (UCD), Gregorio Peces-Barba (Socialistas del Congreso), José Pedro Pérez Llorca (UCD), Miguel Roca Junyent (Minoría Catalana) y Jordi Solé Tura (Grupo Comunista). El texto definitivo fue aprobado por las Cortes y, por abrumadora mayoría, en el referéndum celebrado el 6 de diciembre de 1978.

La Constitución proclama la soberanía del pueblo español, constituido en un Estado social y democrático de derecho y contiene una amplia declaración de derechos. El Parlamento es bicameral, formado por el Congreso de los Diputados y el Senado, que constituyen las Cortes Generales. La Constitución configura las Comunidades Autónomas como base de la organización territorial del Estado.

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C40

Cuaderno de bitácora de las Cortes Generales para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución española, aprobada el 6 de diciembre de 1978.

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