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Un lluvioso 19 de marzo de 1812, los diputados doceañistas reunidos en Cortes en el Oratorio de San Felipe Neri se agrupaban en la plaza situada a las puertas del edificio para escuchar la proclamación, a viva voz, de la Constitución de 1812. Un instante recogido cien años después por el pintor Salvado Viniegra. 

Entre los diputados presentes en aquella plaza se encontraban los americanos, representantes de cada uno de los virreinatos en América. Hoy, sus nombres están grabados en piedra en las paredes exteriores del Oratorio. El mismo lugar en el que dos siglos más tarde, cuando España celebra los 40 años de vigencia de su último texto constitucional, recibe a los presidentes de las dos cámaras de las Cortes Generales españolas y a los embajadores de los países de la comunidad iberoamericana para homenajear los lazos de unión existentes entre las dos orillas del Atlántico.  

Al acto institucional acudieron la presidenta del Congreso, Ana Pastor; el presidente del Senado, Pío García-Escudero; José Pedro Pérez-Llorca, miembros del Consejo Asesor para la conmemoración de los 40 años de la Constitución, los miembros de las mesas de ambas Cámaras, diputados y senadores provinciales, el alcalde de Cádiz, la presidenta de la Diputación provincial, delegado del Gobierno y delegado de la Junta de Andalucía, el rector de la Universidad de Cádiz y el presidente de la Audiencia Provincial. 

Los embajadores de Andorra, Argentina, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana, Venezuela y Uruguay estuvieron en representación de sus países de origen.  

El encargado de inaugurar el evento fue el ponente constitucional José Pedro Pérez-Llorca quien, para la presidenta del Congreso, como gaditano y padre de la Constitución “conjuga inmejorables credenciales para evocarnos la historia y el significado de nuestras luchas por los derechos ciudadanos”. 

“Nada mejor para homenajear a la comunidad iberoamericana, reunidos en este recinto tan evocador, que recordar la extraordinaria influencia, el predominio, casi, que tuvieron los diputados procedentes de América en las Cortes de Cádiz y en la redacción de la Constitución y la elaboración de un ambicioso programa reformista que aun hoy podría tener vigencia”, comenzó Pérez-Llorca su conferencia en la que relató el proceso de elaboración de la Constitución doceañista deteniéndose en la importancia y la influencia de aquellos diputados americanos. 

Unos diputados que formaban casi un tercio de los representantes en Cortes, 34 de 104 diputados. Pero no sólo fueron delegados de sus territorios, los americanos presentes en Cádiz ocuparon 12 presidencias de un total de 37 y formaron parte de la comisión redactora del texto constitucional a través de la presencia de cinco de los doce diputados encargados de tal histórica empresa. 

Cádiz fue el lugar en el que españoles y americanos conjugaron esfuerzos para alumbrar un texto constitucional decisivo en sus historias. Y fue Cádiz el lugar elegido, explicaba Pérez-Llorca, no sólo por la particularidad geográfica y estratégica durante la guerra napoleónica. Cádiz era una ciudad “rica, culta, cosmopolita y libre”. Su pasado de monopolio comercial con América la había enriquecido y, además, convertido en lugar de enlace con los pueblos situados al otro lado del Atlántico, residiendo en ella muchos criollos, algunos apoderados de ciudades americanos. Cádiz era, según Rubén Darío “la más americana de las ciudades españolas”, apunta el constitucionalista. 

Para José Pedro Pérez-Llorca, la labor desarrollada por los diputados americanos se observa en puntos fundamentales del texto gaditano. Unos diputados que, explica, se reunieron “como un grupo parlamentario” y expusieron once proposiciones que sentarían las bases de la futura emancipación mantenido una cierta unión política. Las ideas defendidas por los doceañistas iban desde la igualdad, la abolición de la tortura, la esclavitud hasta la libertad de imprenta. 

El conocido artículo 371 del texto gaditano recoge que “todos los españoles tienen la libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes”. La redacción de uno de los puntos más destacados de la Constitución, y con enorme influencia en la legislación posterior, en su aprobación fue decisiva la aportación del diputado quiteño Mejía Lequerica,  con su célebre intervención y la labor de unificación del voto americano en torno a este punto. 

No sólo la libertad de imprenta; instituciones políticas aún vigentes como las Diputaciones Provinciales o la Diputación Permanente, de amplio recorrido en la historia constitucional española, fueron propuestas americanas, sostiene Pérez-Llorca. 

En definitiva, unas aportaciones indispensables y un papel destacado en un momento histórico que Pérez Llorca ilustra con una cita de El Quijote: “podrán los encantadores arrebatarnos la aventura, pero el esfuerzo y el mérito es imposible”. 

 

España y la comunidad iberoamericana 

“El año de 1808 representa en la historia de los pueblos hispanos uno de esos momentos cruciales, cuando, a uno y otro lado del Atlántico, el deseo de libertad y el amor a la patria se erigieron en valores supremos”, explicó la presidenta del Congreso, Ana Pastor, después de hacer referencia a aquellos momentos históricos en los que “la política tiene ante sí el reto de ir abriendo camino y ayudando a consolidar los logros en el seno de la sociedad”. 

Uno de esos momentos fue, sin lugar a dudas, las Cortes de Cádiz y la posterior proclamación de la Constitución de 1812. Tanto para la historia constitucional española como para los países que conforman la sociedad iberoamericana, cuyos representantes ocuparon un papel destacado en un momento clave para España. 

En este sentido, hizo también referencia a instrumentos y órganos legales a través de los cuales, tanto españoles como americanos estrecharon lazos, como el decreto de la Junta Central de 1809 que reconocía a las provincias de Ultramar como parte integrante de la Monarquía o el manifiesto publicado por el Consejo de Regencia en 1810 por el que se invitaba a los americanos a elegir representantes para las Cortes. 

Y es que, en palabras de la presidenta del Congreso, las Cortes de Cádiz, celebradas en el mismo lugar desde el que pronunciaba su discurso “no solo fueron la manifestación de un constitucionalismo panhispánico, sino también una fructífera escuela de la legislación y del pensamiento liberales”. A un lado del océano, la Constitución de 1812 “se convirtió en símbolo de lucha popular contra el absolutismo y el privilegio”, mientras que a América llegaron personas e ideas que luego germinarían en textos como la Carta Magna de los Estados Unidos de México a cargo del diputado Ramos Arizpe o la chilena de 1828, obra del gaditano José Joaquín de Mora. 

Ana Pastor hizo también referencia a la unión a través del lenguaje entre España y la comunidad iberoamericana, “una lengua que nos identifica y que nos proyecta al futuro con voz propia, que encarna y registra la trascendencia histórica de nuestros pueblos”. Citando a Octavio Paz concluyó su intervención: “Hablar es convivir, vivir en un mundo que es este mundo y sus trasmundos, este tiempo y los otros: una civilización”. 

Para Pío García-Escudero, no hay mejor sitio que Cádiz “para celebrar el firme compromiso histórico de nuestra comunidad iberoamericana con la libertad y la democracia. El azar o el destino, o seguramente ambos, obraron para que Cádiz, la puerta abierta entre América y España fuera también el lugar de nacimiento de nuestro constitucionalismo liberal”. 

Pío García Escudero recordó también la figura de Diego Muñoz Torrero, clérigo encargado de pronunciar el discurso inaugural de las Cortes de Cádiz. Un discurso “no largo, pero sí sentencioso, elocuente y erudito” y con el que “el siglo decimoctavo había concluido”. 

Las ideas que Muñoz Torrero engarza en su discurso: la libertad, la igualdad, la soberanía nacional y la división de poderes, empiezan a tomar forma legal en Cádiz, explica García-Escudero, y servirán de inspiración para los textos de las naciones iberoamericana y de estímulo a los procesos de independencia de esos mismos pueblos. “De un modo u otro hemos recorrido en las dos orillas del Atlántico la misma senda, que comenzó en Cádiz y que a través de dos siglos nos ha conducido al punto en el que hoy estamos”, concluyó. 

La Constitución de 1812 y la Constitución de 1978 

Aquellos diputados doceañistas, además de llevar sus ideas al otro lado del Atlántico también dejaron su legado a aquellos encargados de desempeñar su papel en posteriores momentos de la historia. “Siguiendo el ejemplo de figuras como Argüelles, Quintana, Muñoz Torrero o Juan Nicasio Gallego, hombres y mujeres generosos, como José Pedro Pérez-Llorca, asumieron la tarea de dar forma a aquellos anhelos y pusieron a España por encima de parcialidades políticas e ideológicas”, recalcó Ana Pastor. 

Para la presidenta del Congreso, “quienes hicieron la Transición permitieron que, tal y como había sucedido en 1808, la nación española recuperase el ejercicio de su soberanía”, y tras ello “fue voluntad de los españoles vivir libre y armónicamente, en un sistema democrático que garantizaba los derechos de los ciudadanos, sentaba las bases del Estado social, y reconocía plenamente la personalidad histórica y cultural de las diversas comunidades autónomas. 

Pío García-Escudero, por su parte, hizo referencia a la ruta iniciada por los diputados doceañistas en el siglo XIX y que sirvió para que en 1976, tras “aprender de los errores iniciamos una transición a la democracia guiada por un afán reformista, una búsqueda de consenso y un espíritu de reconciliación que culminaría con la proclamación de la Constitución de 1978”.  

“El éxito de esta empresa se lo debemos a personajes políticos como José Pedro Pérez-Llorca, un ilustre gaditano, que supieron estar a altura de aquel momento histórico y que podemos decir que, parafraseando a Quintana, se hicieron justos merecedores del título de refundadores de la libertad”, continuó el presidente de la Cámara Alta.  

Y es que, según García Escudero, los principios que inspiraron la labor de las Cortes de Cádiz, “los mismos que también persiguieron los padres de la Constitución de 1978, por los que lucharon nuestros antepasados y los de los países iberoamericanos” son los que, ante los desafíos del mundo de hoy “deben seguir siendo la referencia que nos guie en el viaje hacia el futuro”.

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Cuaderno de bitácora de las Cortes Generales para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución española, aprobada el 6 de diciembre de 1978.

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