La última década del cine español es lo que pasa entre los recuerdos de Mateo Blanco (Lluis Homar) y los de Salvador Mallo (Antonio Banderas). Entre el reflejo del primero en una pupila y el segundo sumergido en una piscina el cine español observa y refleja el paso del tiempo de la misma manera que ellos ruedan sus películas dentro de las de Pedro Almodóvar. De los Abrazos rotos al Dolor y la Gloria.

Cualquier español que acudiese a las salas de cine en el año 2009 pudo disfrutar de la ultima obra de los tres grandes directores españoles de la ultima década: Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar y Fernando Trueba. Tras triunfar con Mar Adentro, Amenábar regresaba al panorama internacional con Ágora, en la que Rachel Weisz recrea a la filósofa y astrónoma Hypatia; Trueba adapta a Skármeta en El baile de la victoria y Almodóvar mantiene su idilio con Penélope Cruz tras Volver (2006).

El éxito de aquel año, sin embargo, recaería en Daniel Monzón, que con Celda 211 (2009) dio una vuelta de tuerca al genero del thriller y regaló a Luis Tosar la posibilidad de encarnar a un personaje inolvidable: el carcelario Malamadre. Monzón, que ya había dado muestras de su estilo con La Caja Kovak (2006), se confirmará como uno de los referentes del cine de acción patrio con El Niño (2014)

El drama histórico, y concretamente la posguerra, es el escenario común de Pa Negre (2010) y La voz dormida (2001), de Agustí Villaronga y Benito Zambrano, respectivamente. Ambas fueron candidatas a representar a España en los premios Oscar, del año siguiente siendo finalmente elegida Pa Negre y convirtiéndose así en la primera película rodada en catalán en conseguirlo.

La segunda década de los años dos mil del cine español puede caracterizarse por la aparición de nuevos directores con miradas propias, por la innovación en géneros tradicionales o por la consolidación de un cine periférico. Sin embargo, el hecho más significativo es que cuatro de las cinco películas más taquilleras de la historia de España se estrenan en estos últimos diez años. En 2012, la superproducción Lo imposible (2012), de Juan Antonio Bayona, lograba superar a Los Otros (2001) llegando a los 42 millones de recaudación. La película interpretada por Naomi Watts y Ewan McGregor solo ocuparía el primer puesto durante dos cursos. El fenómeno social protagonizado por Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez Lázaro) en 2014 logró alcanzar los 56 millones, mientras que su secuela, Ocho apellidos catalanes (2015) se situaría, al año siguiente, en tercer lugar con 36 millones.

La otra cara de la moneda de este éxito es la prologada ausencia del cine nacional en el panorama internacional, sobre todo en lo que respecta a la academia de Hollywood. Desde el galardón a Javier Bardem en 2007, la industria española no ha recibido ningún Oscar ni ha logrado colocar a sus películas entre las candidatas a mejor cinta de habla no inglesa.

El mismo año en el que se estrenaba Lo imposible (2012), una película más minoritaria -muda y en blanco y negro- como Blancanieves (2012), de Pablo Berger, conseguía hacerse con diez premios Goya, incluido el de mejor película. Además, el director sevillano Alberto Rodríguez estrenaba Grupo 7 (2012) que, junto a La isla mínima (2014), componen una muestra de cine negro y policiaco ambientado en Andalucía.

Esta es, además, una década fructífera para los Trueba. El surgimiento de Jonás, hijo de Fernando, con Todas las canciones hablan de mi (2010) prosigue con Los ilusos (2013), Los exiliados románticos (2015) y La reconquista (2016). Por su parte, David consigue en 2013 seis Goyas y la precandidatura a los Oscar con Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013), interpretada por Javier Cámara. Fernando, por su parte, experimentará con la animación en Chico y Rita (2010) y recupera la historia de La niña de tus ojos (1998) en La reina de España (2016).

El éxito de Pa Negre en 2011 como representante del cine catalán es sostenido en el tiempo por directores como Cesc Gay, que firma grandes películas como Una pistola en cada mano (2012) o, sobre todo Truman (2015), Goya incluido; Carlos Marques-Marcet, con 10.000 km (2014) y Tierra firme (2017); Isaki Lacuesta y su bilogía La leyenda del tiempo (2006) – Entre dos aguas (2018); o la joven Carla Simón y su premiada Verano 1993 (2017). El País Vasco, por su parte, ha estado representado en los últimos años con las obras de Arregi, Goneaga y Garaño (Loreak, 2014, Handia, 2017) o con directores como Cobeaga (Negociador, Fe de erratas, Pagafantas), Urbizu o el propio Berger.

El año del éxito de Verano 1993 comparten palmarés la película de Simón y la de Isabel Coixet, La Librería (2017). El año anterior Icíar Bollaín había estrenado El Olivo (2016), con una Anna Castillo que conseguía el Goya a actriz revelación, mientras que Nely Reguera se estrenaba con la íntima María (y los demás) (2016), con Barbara Lennie. Y el anterior a este, Paula Ortiz e Inma Cuesta sorprendían a todos con la lorquiana La Novia (2015), mientras que Leticia Dolera modernizaba la comedia con Requisitos para ser una persona normal (2015). El cine hecho por mujeres, con mujeres y para mujeres cada vez se hace más presente y adquiere el reconocimiento que merece.

En los últimos años de esta década destaca la irrupción de Rodrigo Sorogoyen, quien se mueven entre géneros con maestría firmando dramas románticos como Stockholm (2013); thrillers en Que dios nos perdone (2016), o intriga política con El Reino (2018). Esta última, triunfadora compartida de la ultima gala de los premios Goya junto a la conmovedora Campeones (2018), de Javier Fesser. En los últimos premios Oscar la única representación española fue el corto del director madrileño Madre (2017), cuyo desarrollo continúa en la película que estrenará este próximo año. El futuro del cine español ya se está rodando.

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